LO SIENTO

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Foto: Elena R.ue

«Amor, ésta vez lo siento en serio.»

Era su frase favorita, después de haberla golpeado, después de haber abusado incansables veces de ella, después de haberla insultado, humillado interna y públicamente. Era su frase favorita después de haberse burlado en su propia cara de lo, según él hijo de su gran madre, “débil y ridícula” que era; la golpeaba hasta dejarla casi inconsciente. Su sadismo lo bestializaba, lo llevaba a cometer actos dignos de una condena perpetua. ¡Pregúntenme porqué no la muerte! ¡Vamos! Sería darle una salida fácil. Sería darle un boleto a un retiro que no merece, porque vivir sería su peor castigo.
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El miedo, el maldito miedo sazonado con un poco de vergüenza social hicieron del silencio de ella la confirmación, para continuar, de él. Y su silencio la mató, y claro también él. El miedo, el maldito miedo sazonado con un poco de vergüenza social hicieron que la bestia se camuflara bajo ése perfil machista. El miedo a ser superado, a ser aplastado, el miedo de ser reemplazado, aplasado, destituido, el miedo de pensar que una mujer pudiera ser mejor que él. Y aunque ya no esté, ella fue más mujer de lo que él pudo llegar a ser hombre.

Su formación no tiene nada que ver, el padre que golpeaba a sus hijos y a su mujer. Él decidió convertirse en una réplica de él. Somos dueños de nuestras propias decisiones y esclavos de sus consecuencias. Tú elijes el hombre/mujer que decides ser. La que calla o la que se defiende. El que decide dar el primer golpe o el que decide ser hombre. No repitamos la historia.

“Lo siento”. Si el mundo se solucionara con un lo siento no existirían las leyes, las normas, las reglas, las guerras, los homicidios, los suicidios, los maltratos, las ejecuciones, no habría corrupción, las injusticias, el MOVADEF, el MRTA, Sendero Luminoso y su doctrina asesina, los narcos, Hitler. Si el mundo se solucionara con un lo siento, las cárceles estuvieran vacías.


By: Elena R.ue
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HOY NO

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Foto: Elena R.ue

 

Te podría decir que esos
lunares son estrellas en tu piel,
y que forman constelaciones
enteras en tu espalda.

Te podría decir que tus ojos
café me provocan insomnio.
Te podría incluso decir que tu
sonrisa es la curva más bonita 
que jamás haya podido ver,

te podría decir eso y mucho
más pero no lo haré,
por el simple hecho que todos
lo hacen.

Tú eres más poema y magia,
más musa y más otoño.
Eres la estación en la que deseo
perder el tren.

Te lo podría decir; sí, pero hoy no.
Hoy me quedo con las ganas.


By: Elena R.ue ©

EL LENGUAJE DE TU MIRADA

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Foto: Elena R.ue

 

A veces,
las palabras se me escapan
de los labios para colarse
por los tuyos en forma de besos.
Y aunque pienses
que estoy loco,
me he comprado
un diccionario para aprender
a definirte mejor.
Y es que ya no sé
si la palabra “preciosa”
te haga favor.

A veces,
el lenguaje de tu mirada
me dice mucho más que tus palabras;
mientras que
nuestras manos parecen entender
el idioma que por dentro llevamos.

 


By: Elena R.ue ©

JURO QUE CUANDO LA VEA, LE DARÉ UN GIRASOL.

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Foto: Elena R.ue

 

Juro que cuando la vea, le daré un girasol. No una rosa, no. Un girasol. Ella no es la típica mujer que  le gustan los ramos costosos o regalos banales. Ella es como yo. Sencilla.

Un girasol bastará, porque la representa tanto como a mí, en eso nos parecemos tanto. Le daré un beso en la frente, así sin más.

La sorprenderé entre la multitud parada frente a ella, con solo una flor. O tal vez vaya hasta su casa y la vea ahí. Despeinada, tan ella, como suele estar. Con el blusón de siempre y los pies descalzos. Amo tanto su sencillez. Su madurez.

Ella no es la típica mujer que le encantan los cines, de hecho les tiene pánico, por ello va de matiné, menos gente, menos miradas indiferentes.

A ella le basta con pasar una tarde compartiendo tiempo de calidad. Ella es así, alborota todos mis sentidos y sigue siendo la musa entre mis dedos.


Pd: Por mucho, éstas líneas es una de mis favoritas. Nos leemos, gente bonita.
By: Elena R.ue

 

SOY REVOLUCIÓN

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Foto: JC.

               Necesitaba pensar. Pensar en serio. Respirar y aceptar por fin lo que soy. Aceptar sin asco que está todo bien en mí, que un poco de locura y rareza hacen una buena mezcla.

               Así que hice lo que me pareció correcto: Vivir en la dirección del viento. Y que el fuego haga con tus cartas, lo que yo no puedo.

               Poco a poco me fui acercando hacia esa pequeña cajita retro que estaba sobre las sábanas blancas de mi cama. Introduje la llave en su interior para abrirla. Me apené verla llena de polvo, tan descuidada y olvidada, fui limpiándola a punta de soplidos y suaves toques.

              Lo blanco de aquella carta empezó a resaltar. «Fueron tantos lo momentos juntos» leí, sin querer; lo juro. De pronto sentí un fuego que me acariciaba la piel del pulgar lo cual hizo que dejara de presionar el encendedor. «Sólo sera ésta última vez, en serio.» Dije para mis adentros. Dejé mis planes para después cuando de pronto me topé con tu primera carta: «Cariño, por favor, no llores; dejaré de llorar también. No quiero irme sin antes ver tu última sonrisa.»

              Ahora sé que todo fue una farsa. Que ésa era tu forma de tratar a todas y yo sin saber, creyéndome la única y la primera en tu historia; me enamoré de alguien tan común. He llorado lo suficiente. Han sido los estragos más amargos, los que pasé contigo, que han ahogado todos los momentos buenos y junto a ellas todas tus posibilidades de volver. Pero, ¿sabes qué es lo mejor a todo ésto? Que después de todo, me descubrí a mí misma. Me quité la venda de los ojos para hacerme un lazo en el cabello con ella. Ahora todos me dicen que luzco más guapa, mientras que yo veo a alguien menos ciega.

               He descubierto que puedo, no solo sonreír, también puedo reír.  Cariño te hablo de esas risas que se dan a carcajadas. De ésas que cuando las liberas todo el mundo ríe contigo porque contagias. Al fin sé que tengo el poder de contagiar momentos de arrebatos. Solo tienes que escucharme para saberlo.

                 No te necesito. Lo juro. Solo durarás éstas líneas.

                Y sin más, cogí el encendedor, puse todas tus cartas en una caja de cartón y junto a ellas los pétalos de la primera rosa del primer catorce de febrero compartido. Pronto quedaron cenizas. Todo lo nuestro se redujo a menos que eso.

              Ahora sé que soy más de lo que tú me hacías sentir. Soy más que solo piel, más que tacones altos o zapatillas, más que el esmalte de mis uñas, más que el color de mis ojos; cariño, el significado de mi nombre no me define. Soy yo, mírame. Soy revolución, soy el grito desesperado de libertad, soy igualdad. No menos, no más. Soy melancolía y por ratos, soy una explosión de algún éxtasis de gozo.

            Hoy, pude encontrarme a mí misma sin ti. No te necesito. Solo durarás éstas líneas, lo juro. Ahora sé quién soy.


By: Elena Rue. ©
Foto: JC.

TRAZOS DE UN CORAZÓN AL DESNUDO

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Foto: Venus.

 

Recuerdo que moría…

en aquel adiós,

nos estábamos quebrando.

Nos fundimos en aquel abrazo por más de dos minutos, nos mantuvimos en silencio mientras duró, haciendo que nuestros corazones hablaran en cada palpitar y nuestras lágrimas desbordaran todo lo que nuestros labios guardaron.


Daban las diez de la mañana en el reloj de aquella pared blanca que una vez fue testigo de un «te quiero» entre cortinas y una ventana que daba libertad. Los rayos solares penetraron por mis persianas americanas haciendo que me levantara entre fastidios y nostalgias, con unas ojeras enormes producto de la noche anterior. Me incorporé para sentarme cabisbaja; durante unos minutos, al borde de la cama dándome tiempo para meditar en lo que estaba a punto de hacer. Era lo mejor.

Cogí el primer bluzón que vi en el armario y me la puse sin más dejando que su corte me cubriera hasta la mitad de las piernas, unos lejeans a juego (todo negro) y mis converse. No quise hacerme la coleta ésta vez, para dejar mis rizos en libertad.

Cogí las llaves del auto y puse el motor en marcha. Once y media de la mañana. Si quería llegar a tiempo debía poner el kilometraje al cien, así que encendí la radio con el disco en él y me animé a pisar el acelerador. Durante el camino lo recuerdos cobraron vida al ritmo de la playlist seleccionada y mientras miraba en el retrovisor, una lagrimilla se acercaba con velocidad. Pestañeé repetidas veces para obsruir su desborde en ésta carretera de piel y rubor.

Doce con cuarenta y cinco minutos y las barras del cereal de aquella mañana se habían disuelto pronto haciendo crujir mi interior. Apagué todo en el auto cuando el GPS me indicó mi llegada al hermoso pueblo de Conache, característico por la gente cariñosa que la habita y luego de aquel almuerzo sabor a leña sazonado con amor; puse el auto en marcha rumbo al «oásis de placer» nombrado así por los lugareños. Así que busqué un lugar apartado e hice de un pequeño trozo de arena mi estacionamiento.

Dejé de lado el Punk Rock y lo Heavy por ésta vez para darle oportunidad a lo indie, al soul y a ratos al country. Necesitaba pensar. Pensar en todo lo que habíamos hecho en éstos años. En nuestra infancia, adolescencia y ahora; nuestra juventud. Nos habíamos estado matando de a pocos, ¿como dejamos que nos sucediera ésto? Contigo a ratos fui feliz, a ratos. Me recosté un instante para admirar lo azul del cielo y a las nubes en su interior.

«Recuerdo que moría… en aquel adiós, nos estábamos quebrando.» Pensé. Cerré los ojos y ésta vez, no me pude contener. «Hoy es uno de esos días, en los que sin lluvia, llovemos.» Volví a perderme entre pensamientos. No censuré mis emociones por ésta única vez para darle sentido a éstos trazos de un corazón que se desnuda sin vergüenza ni pudor a ser descubierto.

Estaba lista, lo podía sentir en las venas. Recordé a Elvira en ésos precisos momentos y la cité en mi mente grabándola en el corazón: «Día doce sin ti: he conocido a alguien, soy yo. Voy a darme una oportunidad.»

Estamos hechos de recuerdos, de gotas de lluvia, de aventura y rebeldía… Estoy lista para mí.


By: Elena Rue. ©
Foto: Venus.

MUDÁNDONOS

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Foto Instagram: Laia Martínez. [@laiamart]

Estamos creciendo, Fharrá, y no hay quien detenga todo esto. Tengo miedo. Miedo a seguir creciendo, a envejecer; miedo a un futuro incierto en el que, tal vez, ya no estés.

¿Recuerdas la vez que nos escondimos por haber roto el florero de mamá jugando con la pelota en casa? No puedo evitarlo. Evitar recordarte. Recuerdo la vez que nos reunimos con los chicos retándolos a jugar “21” con nosotras. Jamás nos perdíamos un solo partido de basloncesto, éramos las mejores. Inseparables. Nos ganamos respeto y un par de problemas también.

Estamos mudando de piel, Fharrá. Estamos cambiando y no hablo solamente de lo físico. Nuestras mentes están madurando, pero tus ojos siguen siendo los mismos. Me basta con mirarlos para saber que sigues siendo tú. Son la pista que me permiten llegar hasta ti. Me enteré por ahí, que sigues usando las medias de abejita que te regalé para dormir, eso me hace feliz. Al menos llevas algo mío para que puedas dormir; mientras tanto yo… sigo usando aquel bluzón que me regalaste un siete de Abril, de hace diez años. [Ya está algo gastado y con algunos parches, pero aún así lo amo.] Recuerdo haber reído  mucho cuando me lo entregaste con la cita «Para que te acuerdes de mí mientras lo usas» ¿Sabes algo? Funciona.

Estamos mudándonos y éstos cambios aveces duelen. [Siento que no estoy preparada.] Duele recordar tu olor de niña y tu sonrisa inocente. Duele ahora tener que acostumbrarse a tu ausencia y al vacío junto a la herida que dejaste. Pero me enseñaste a ser fuerte. [Supongo que estabas entrenándome para cuando éste día llegase, sospecho que siempre lo supiste.] Ahora me toca poner en práctica toda ésa teoría.

Viéndolo desde el pasado teniendo conciencia de lo que ahora es el futuro, desearía que no creciéramos. No debimos. [No, no debimos.] Pero junto a los años, nuestros corazones se mantuvieron intactos. No ajenos al dolor, pero supimos acoplarnos a las tormentas, aveces fuimos tornado.

Ya han pasado aproximadamente unos siete años, eso ha sido mucho. Te hecho de menos. Estábamos creciendo juntas hasta que decidiste colarte y mudarte en mí. Ahora soy yo con un poco de ti.


By: Elena Rue.  ©
Foto: Laia Martínez.

INESTABILIDAD

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Foto: Elena Rue.

Jamás me había sentido de ésta manera. ¿Alguna vez han estado en alguna situación en la que han perdido el control? En la que tú, ya no eres dueña de tus actos ni  de tus fuerzas.

Bueno, es así como pude sentirme; cuando estuve aquella mañana en el mar. En un estado de inestabilidad. Bastó estar a unos cuántos metros al fondo de la orilla, para sentir que había perdido completamente todo lo que creía que me pertenecía. Ya no era mía.

Entonces recordé, aquella historia que por años escuché. De aquel hombre que caminó sobre las aguas, Pedro se llamaba, no sé si por impulso o por fe, solo Dios sabe. Pero fue mirando a aquel que le brindó la confianza para ir tras Él.

No puedo imaginar todas las cosas que pudieron pasar por aquella mente, ¿habrá experimentado el estado de inestabilidad y de temor? Supongo que sí; puesto que la historia termina en que aquel hombre se empezó a hundir. Si no fuera por aquel amigo llamado Jesús que estaba allí; para sujetarse y salvarse, la historia hubiera tenido otro fin.

Como sea; aprendí que no hay suficiente fe en ésta tierra para abandonarnos y caminar con los ojos puestos en Él. Que nuestra inestabilidad puede más, para dejarnos en un estado de desesperación así abandonarlo y aferrarnos a nuestras fuerzas humanas. No hay suficiente gratitud por aquella sangre derramada.


By: Elena Rue. ©
Bibliografía: Mateo 14:22-33 (RV, 1960).

A VECES.

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Foto Instagram: Sue S.mile [@vivirtenpoesia]

A veces, es marea. Que juega con golpear a las rocas de su vida, tratando de esquivar el dolor, fingiendo destruirlas con aquella furia impetuosa. Todos creímos que ése era su objetivo, pero la realidad es que su fin era ella misma.

A veces, es arena. Está hecha de cada minúscula partícula que se extiende por toda su piel. Ella no es capaz de notar el poder que posee, no se da cuenta que su belleza trae destrucción; si la tocas, te hundes.

Que alguien le diga por favor, que ella es increíblemente hermosa así como es. Pónganle ante su propio reflejo, que estudie cada uno de sus perfectas facciones. Que alguien la enamore… de sí misma.

A veces, es hija de la luna. Perfecta, brillante. Preciosa. Cuarto menguante cuando su corazón está a flor de piel. Está en una constante met[amor]fósis de cambios de ánimo, por lo que su brillo está en  una soledad congelada; inspirando a otros, menos a sí misma. Se siente llena cuando está a plenitud, increíblemente preciosa, pero siempre sola.

A veces, es como los lirios. Su aroma te atrae, te atrapa, te cobija y te suelta cuando sabe que ya fuiste suficiente. Ella te reta a la locura y al desenfreno. Pero sigue siendo un lirio. Frágil. Que al cabo de un par de semanas sus pétalos se han muerto y su olor ya ha sido consumido. Así que, necesita un tiempo de hibernación para repararse y limpiarse las escamas para recubrirse de nueva piel y de nuevas sonrisas.

A  veces, ella suele estar y otras no…

A veces, es ella y otras… no tanto.


By: Elena Rue. ©

Foto: Sue S.mile