TRAZOS DE UN CORAZÓN AL DESNUDO

Processed with VSCO with f2 preset

Foto: Venus.

 

Recuerdo que moría…

en aquel adiós,

nos estábamos quebrando.

Nos fundimos en aquel abrazo por más de dos minutos, nos mantuvimos en silencio mientras duró, haciendo que nuestros corazones hablaran en cada palpitar y nuestras lágrimas desbordaran todo lo que nuestros labios guardaron.


Daban las diez de la mañana en el reloj de aquella pared blanca que una vez fue testigo de un «te quiero» entre cortinas y una ventana que daba libertad. Los rayos solares penetraron por mis persianas americanas haciendo que me levantara entre fastidios y nostalgias, con unas ojeras enormes producto de la noche anterior. Me incorporé para sentarme cabisbaja; durante unos minutos, al borde de la cama dándome tiempo para meditar en lo que estaba a punto de hacer. Era lo mejor.

Cogí el primer bluzón que vi en el armario y me la puse sin más dejando que su corte me cubriera hasta la mitad de las piernas, unos lejeans a juego (todo negro) y mis converse. No quise hacerme la coleta ésta vez, para dejar mis rizos en libertad.

Cogí las llaves del auto y puse el motor en marcha. Once y media de la mañana. Si quería llegar a tiempo debía poner el kilometraje al cien, así que encendí la radio con el disco en él y me animé a pisar el acelerador. Durante el camino lo recuerdos cobraron vida al ritmo de la playlist seleccionada y mientras miraba en el retrovisor, una lagrimilla se acercaba con velocidad. Pestañeé repetidas veces para obsruir su desborde en ésta carretera de piel y rubor.

Doce con cuarenta y cinco minutos y las barras del cereal de aquella mañana se habían disuelto pronto haciendo crujir mi interior. Apagué todo en el auto cuando el GPS me indicó mi llegada al hermoso pueblo de Conache, característico por la gente cariñosa que la habita y luego de aquel almuerzo sabor a leña sazonado con amor; puse el auto en marcha rumbo al «oásis de placer» nombrado así por los lugareños. Así que busqué un lugar apartado e hice de un pequeño trozo de arena mi estacionamiento.

Dejé de lado el Punk Rock y lo Heavy por ésta vez para darle oportunidad a lo indie, al soul y a ratos al country. Necesitaba pensar. Pensar en todo lo que habíamos hecho en éstos años. En nuestra infancia, adolescencia y ahora; nuestra juventud. Nos habíamos estado matando de a pocos, ¿como dejamos que nos sucediera ésto? Contigo a ratos fui feliz, a ratos. Me recosté un instante para admirar lo azul del cielo y a las nubes en su interior.

«Recuerdo que moría… en aquel adiós, nos estábamos quebrando.» Pensé. Cerré los ojos y ésta vez, no me pude contener. «Hoy es uno de esos días, en los que sin lluvia, llovemos.» Volví a perderme entre pensamientos. No censuré mis emociones por ésta única vez para darle sentido a éstos trazos de un corazón que se desnuda sin vergüenza ni pudor a ser descubierto.

Estaba lista, lo podía sentir en las venas. Recordé a Elvira en ésos precisos momentos y la cité en mi mente grabándola en el corazón: «Día doce sin ti: he conocido a alguien, soy yo. Voy a darme una oportunidad.»

Estamos hechos de recuerdos, de gotas de lluvia, de aventura y rebeldía… Estoy lista para mí.


By: Elena Rue. ©
Foto: Venus.

MUDÁNDONOS

bo5q6mpg96z

Foto Instagram: Laia Martínez. [@laiamart]

Estamos creciendo, Fharrá, y no hay quien detenga todo esto. Tengo miedo. Miedo a seguir creciendo, a envejecer; miedo a un futuro incierto en el que, tal vez, ya no estés.

¿Recuerdas la vez que nos escondimos por haber roto el florero de mamá jugando con la pelota en casa? No puedo evitarlo. Evitar recordarte. Recuerdo la vez que nos reunimos con los chicos retándolos a jugar “21” con nosotras. Jamás nos perdíamos un solo partido de basloncesto, éramos las mejores. Inseparables. Nos ganamos respeto y un par de problemas también.

Estamos mudando de piel, Fharrá. Estamos cambiando y no hablo solamente de lo físico. Nuestras mentes están madurando, pero tus ojos siguen siendo los mismos. Me basta con mirarlos para saber que sigues siendo tú. Son la pista que me permiten llegar hasta ti. Me enteré por ahí, que sigues usando las medias de abejita que te regalé para dormir, eso me hace feliz. Al menos llevas algo mío para que puedas dormir; mientras tanto yo… sigo usando aquel bluzón que me regalaste un siete de Abril, de hace diez años. [Ya está algo gastado y con algunos parches, pero aún así lo amo.] Recuerdo haber reído  mucho cuando me lo entregaste con la cita «Para que te acuerdes de mí mientras lo usas» ¿Sabes algo? Funciona.

Estamos mudándonos y éstos cambios aveces duelen. [Siento que no estoy preparada.] Duele recordar tu olor de niña y tu sonrisa inocente. Duele ahora tener que acostumbrarse a tu ausencia y al vacío junto a la herida que dejaste. Pero me enseñaste a ser fuerte. [Supongo que estabas entrenándome para cuando éste día llegase, sospecho que siempre lo supiste.] Ahora me toca poner en práctica toda ésa teoría.

Viéndolo desde el pasado teniendo conciencia de lo que ahora es el futuro, desearía que no creciéramos. No debimos. [No, no debimos.] Pero junto a los años, nuestros corazones se mantuvieron intactos. No ajenos al dolor, pero supimos acoplarnos a las tormentas, aveces fuimos tornado.

Ya han pasado aproximadamente unos siete años, eso ha sido mucho. Te hecho de menos. Estábamos creciendo juntas hasta que decidiste colarte y mudarte en mí. Ahora soy yo con un poco de ti.


By: Elena Rue.  ©
Foto: Laia Martínez.

INESTABILIDAD

Processed with VSCO with f2 preset

Foto: Elena Rue.

Jamás me había sentido de ésta manera. ¿Alguna vez han estado en alguna situación en la que han perdido el control? En la que tú, ya no eres dueña de tus actos ni  de tus fuerzas.

Bueno, es así como pude sentirme; cuando estuve aquella mañana en el mar. En un estado de inestabilidad. Bastó estar a unos cuántos metros al fondo de la orilla, para sentir que había perdido completamente todo lo que creía que me pertenecía. Ya no era mía.

Entonces recordé, aquella historia que por años escuché. De aquel hombre que caminó sobre las aguas, Pedro se llamaba, no sé si por impulso o por fe, solo Dios sabe. Pero fue mirando a aquel que le brindó la confianza para ir tras Él.

No puedo imaginar todas las cosas que pudieron pasar por aquella mente, ¿habrá experimentado el estado de inestabilidad y de temor? Supongo que sí; puesto que la historia termina en que aquel hombre se empezó a hundir. Si no fuera por aquel amigo llamado Jesús que estaba allí; para sujetarse y salvarse, la historia hubiera tenido otro fin.

Como sea; aprendí que no hay suficiente fe en ésta tierra para abandonarnos y caminar con los ojos puestos en Él. Que nuestra inestabilidad puede más, para dejarnos en un estado de desesperación así abandonarlo y aferrarnos a nuestras fuerzas humanas. No hay suficiente gratitud por aquella sangre derramada.


By: Elena Rue. ©
Bibliografía: Mateo 14:22-33 (RV, 1960).

A VECES.

bqov2v1dulm

Foto Instagram: Sue S.mile [@vivirtenpoesia]

A veces, es marea. Que juega con golpear a las rocas de su vida, tratando de esquivar el dolor, fingiendo destruirlas con aquella furia impetuosa. Todos creímos que ése era su objetivo, pero la realidad es que su fin era ella misma.

A veces, es arena. Está hecha de cada minúscula partícula que se extiende por toda su piel. Ella no es capaz de notar el poder que posee, no se da cuenta que su belleza trae destrucción; si la tocas, te hundes.

Que alguien le diga por favor, que ella es increíblemente hermosa así como es. Pónganle ante su propio reflejo, que estudie cada uno de sus perfectas facciones. Que alguien la enamore… de sí misma.

A veces, es hija de la luna. Perfecta, brillante. Preciosa. Cuarto menguante cuando su corazón está a flor de piel. Está en una constante met[amor]fósis de cambios de ánimo, por lo que su brillo está en  una soledad congelada; inspirando a otros, menos a sí misma. Se siente llena cuando está a plenitud, increíblemente preciosa, pero siempre sola.

A veces, es como los lirios. Su aroma te atrae, te atrapa, te cobija y te suelta cuando sabe que ya fuiste suficiente. Ella te reta a la locura y al desenfreno. Pero sigue siendo un lirio. Frágil. Que al cabo de un par de semanas sus pétalos se han muerto y su olor ya ha sido consumido. Así que, necesita un tiempo de hibernación para repararse y limpiarse las escamas para recubrirse de nueva piel y de nuevas sonrisas.

A  veces, ella suele estar y otras no…

A veces, es ella y otras… no tanto.


By: Elena Rue. ©

Foto: Sue S.mile